jueves, 25 de junio de 2020

Humo y más / Seles Teta


La mujer tenía sed. Hacía rato que caminaba, como entumecida, sin rumbo ya. Un atisbo de pelambre, áspera y suave a la vez, le rozó la pierna. 
¡Si hasta había perdido su calzado! ¿Perdido? ¿Olvidado? ¿Ofrendado? Le costaba recordar. Sólo sabía ahora que un pie debía colocarlo delante del otro. Gracias Madre por haberle enseñado tierra, para que así le germinen callos. Gracias Hermano por haberle acompañado en caminos, para que así se le obsequien formas. Lo que nadie le podía regalar, ya que eso hay que construírselo, era esperanza.
Y ahora tenía tanta sed. Su lengua lobuna estaba seca. Sed de agua y sed de vida. Sin ella, ¿para qué caminar entonces? Miró a lo lejos, hacia donde imaginaba un horizonte, y supo que la noche la rondaba. Sintió un lametón en los empeines.
-¿Mañana podré seguir?- se preguntó. -Mientras tanto, hoy me va a dar frío- se susurró suavemente. 
Hablar consigo misma le ordenaba un poco el crepitar interno.
De pronto, escuchó un sonido  gutural... Agua! Viento! Bestia! Tripas!
El instinto y la inercia la paralizaban. 
Miró a la Ttierra y a sus pies con humildad, suspiró confiar, y supo cómo seguir esa llamada.
Dos pasitos sí, un sonido, tres pasos atrás y otro delante. Otro sonido. Una vuelta. Otro paso.
Para cuando dejó de escucharlo, ya corría el río bajo sus dedos.
Había encontrado un pequeño valle, con árboles y aire. Con ahogos y preguntas.
Armó un fuego tranquilo, no muy lejos del agua y se sentó a su calor. 
Cerró los ojos e inspiró con vehemencia. Alguna de las maderas liberaba un aroma seductor y agradable. Largó fuerte el aire contenido. Esa noche al menos, tenía lo que era; y lo que era, es lo que necesitaba. Y siempre le había brindado cierta paz el olor a fogón.
Un temblor en el aire, un cambio de temperatura quizás, la hizo sentirse alerta y comenzó a girarse... 
Un perro caminó lentamente hasta encontrarse del otro lado del fogón. Inmóvil, la miraba a los ojos. Su pelaje era denso y greñoso, y chorreaba algo de baba, pero no demostraba una actitud amenazante ni bondadosa. 
-Podría ser una perra- pensó ella -Podría ser como yo. Parece perdida. ¿La habré visto antes?- 
Su mirada inteligente, de esas que le hablan al espíritu, le sonaba conocida. Estiró la mano, pero no hubo respuesta. Al intentar pararse, un gruñido rugió desde la garganta del animal. Se sentó despacio nuevamente. 
Este se acercó tranquilo, tomó un leño encendido en su boca, lo dejó caer con suavidad junto a sus pies. Ella le miró con sorpresa. -Ahora comprendo.- sonrió. -Todo a su tiempo, llorando y riendo, si no dejo de andar y buscar, el sendero va apareciendo.- Boda dual de un placer y dolor espiral. -Vos sos parte de mí, pichicha. Vení que te hago un mimo.- 
Y al volver a estirar la mano, acarició sus propios cabellos enredados.










Dejando su matecín

Es la misa del café
Danza la taza
Es la misa del rey
Danza la taza de café
Es la misa sagrada
Danza el café por ley.
A ver la película
Al retornar
De lavar el café del rey
Él pide reposar la taza
Susurrándole para leer.

Y alumbré
Y llegaré
A la fe en ronda
A ver la firma
De la misa leyendo.
Danza el centro
Susurrándome para leer
Susurrándome para regar.

Y voy, ya hay prisa
Mate en danza
No amaina.
Ya hay plebe.

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